Nació en Zaragoza en el sesenta y tantos, cosa que le vino estupendamente a su madre porque aquella misma tarde había quedado con una amiga para visitar la Basílica del Pilar. Como fue chico no le pudieron poner de nombre Pilar, le pusieron Daniel y un faldón de piqué que le había hecho su abuela María. Poco a poco fue creciendo. Fue a la escuela, al cine, a la universidad, al fútbol y a una papelería. Allí se compró un cuaderno y un bolígrafo de tinta negra. Nada más salir, se sentó en unos de los bancos de un parque cercano y escribió un cuento de dos pingüinos que no pasaban por allí. A partir de aquel día se aficionó a escribir y hasta hoy. Dicen de él que sabe ver una historia donde nadie la ve. Ah, su color favorito es el verde Helsinki.
Sus encuentros A Daniel le gusta ver la cara de los lectores pero lo que más le gusta es verles sonreír. Por eso, sus encuentros están llenos de humor desde el principio hasta al fin. Para ello se las ingenia con mil y un recursos. Les explica cómo nacen sus historias, cómo crecen, cómo se leen y, ya de paso, les narra alguna historia que tiene en la cabeza. O en el bolsillo. Le encanta contestar preguntas que le hagan pensar, y mirar de vez en cuando por la ventana, por si las moscas.
Alguno de sus premios:
- White Raven 2002 por Hasta (casi) cien bichos, 2005 por Una nube y por 6-colores y 2006 por Mi familia
- Premio Álbum ilustrado Ciudad de Alicante 2001 por Mermelada de fresa
- Premio Anaya 2010 por El hombre con el pelo revuelto
- Premio Barco de vapor 2011 por Mi vecino de abajo




















